
“La fatiga emocional es el precio que pagamos por vivir en un mundo que nunca se detiene.”
¿Te has sentido alguna vez cansado sin saber el motivo? Has descansado dos días, pero sientes que comienzas la semana con menos energía que acabéaste la anterior. A pesar de haber intentado relajarte y desconectar, la fatiga te persigue como una sombra constante. No logras concentrarte en tu trabajo; cada tarea se siente como un esfuerzo monumental. Los pensamientos vagan y te sientes atrapado en una niebla mental. No tienes ganas de salir a pasear con el perro; le das una vuelta a la manzana y crees que tendrá suficiente. Te gustaría recuperar esa energía que solías tener, esa motivación que te llevaba a disfrutar de cada actividad al aire libre, pero ahora todo parece un esfuerzo. Quizás necesites reevaluar tu rutina y buscar maneras de recargar energía para enfrentar lo que viene.
En psicología, el concepto de “gasto energético fantasma”, “en stand by” o “vampiro” se refiere a la energía mental o emocional que se consume en actividades, pensamientos o situaciones que no son productivas, beneficiosas o necesarias, y que, muy a menudo, pasan desapercibidas. Es similar al consumo fantasma de energía en el ámbito doméstico, donde los aparatos siguen consumiendo electricidad aunque estén apagados. En lugar de energía física, se refiere a energía mental y tiene una enorme repercusión en nuestro bienestar diario. Estas situaciones consumen tiempo y recursos de nuestra batería cerebral que es, por ende limitada, y que necesita recarga diaria. En este sentido, factores como el descanso, el sueño o la relajación son imprescindibles para recargar nuestra energía mental y emocional.
«Nuestra bateria interna necesita descanso y relajación para poder organizar nuestros pensamienots y acciones diarias»
Suelen generar un agotamiento emocional y psicológico disfrazado de cansancio físico, puesto que nuestra actitud suele ser la de evitar todas esas actividades que consuman energía mental, como las relaciones sociales y/o personales o la toma de decisiones o situaciones en las que exista una necesidad de concentrarse.
En el ámbito laboral es conocido como un problema personal puede alcanzar a tu desempeño y productividad lo que informa de su potencial para invadir otras áreas de tu vida, provocando un descenso en el cumplimiento de la responsabilidad laboral o académica. Es una lástima pero, así es como un superior suele darse cuenta de los problemas emocionales de sus trabajadores, aunque el ámbito laboral también tiene algo que ver, eso es anulado. Pero esto queda aquí, en el deporte se ha demostrado como el estrés aumenta la vulnerabilidad a sufrir lesiones musculares (Andersen & Williams, 1988).
Principales situaciones de gasto fantasma
- Preocupaciones innecesarias: pensamientos recurrentes sobre problemas que no tienen solución inmediata o que están fuera de nuestro control.
- Pensamientos negativos: autocrítica constante, baja autoestima, rumiación o pensamientos negativos repetitivos sobre errores pasados o preocupaciones futuras.
- Relaciones tóxicas: invertir tiempo y energía en relaciones que nos causan malestar emocional.
- Distracciones constantes: pasar demasiado tiempo en redes sociales, videojuegos u otras actividades que nos alejan de nuestras metas.
- Procrastinación: aplazar tareas importantes, lo que genera estrés y ansiedad, consumiendo energía mental.
- Evitación: evitar situaciones que nos causan incomodidad o miedo, lo que puede generar ansiedad y estrés a largo plazo.
- Preocuparse por lo que los otros piensan: dedicamos tiempo y energía en intentar adivinar qué piensan los demás tratando de agradarles, cuando en realidad no podemos controlar sus pensamientos ni emociones.
- Arrepentirse de errores pasados: rumiar sobre errores pasados y castigarnos por ellos no cambia la situación, solo nos consume energía emocional.
- Ver la televisión y navegar por internet sin rumbo: pasar horas viendo contenido que no nos aporta nada solo nos aleja de nuestras metas dejándonos un sentimiento de vacío.
Este gasto energético fantasma puede tener un impacto significativo en nuestro bienestar emocional y mental, provocando fatiga, falta de concentración, irritabilidad y dificultas para tomar decisiones. La clave para reducir este gasto es tomar conciencia de dónde estamos invirtiendo nuestra energía mental y emocional y aprender a redirigirla hacia actividades y pensamientos más productivos y saludables.
Cómo reducir el gasto fantasma
- Practicar la atención plena: ser consciente de nuestros pensamientos y emociones en el momento presente, sin juzgarlos, nos ayuda a identificar las fuentes de gasto energético fantasma.
- Establecer límites: aprende a decir “no” a actividades o situaciones que nos drenan emocionalmente, y a priorizar nuestras necesidades.
- Cuidar nuestra salud mental y física: dormir lo suficiente, hacer ejercicio regularmente, llevar una dieta saludable y dedicar tiempo a actividades que nos gusten y nos relajen.
- Buscar ayuda profesional si es necesario: si el gasto energético fantasma está afectando significativamente nuestra vida, buscar la ayuda de un psicólogo o terapeuta puede ser de gran utilidad.
En resumen, el “gasto energético fantasma” es un concepto psicológico que nos ayuda a entender cómo estamos invirtiendo nuestra energía mental y emocional, y nos da herramientas para tomar el control de nuestra vida para, de esta manera, mejorar nuestro bienestar tanto físico como mental.

En Carlos Sánchez psicología estamos encantados de poder ofrecerte una opción si te encuentras en situación similar y deseas descubrir cuáles son tus gastos fantasmas además de ponerles límite para mejorar tu bienestar emocional y psicológico.
Referencias
Andersen, M. B., & Williams, J. M. (1988). A Model of Stress and Athletic Injury: Prediction and Prevention. https://doi.org/10.1123/jsep.10.3.294

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